Un pato muy orgulloso paseaba por la orilla de un estanque mientras decía en voz alta:
-¡Pero que suerte tengo!¡Cuanto valgo! Desde luego, más que nadie, pues ningún otro animal tiene los dones que yo poseo. Soy de agua, tierra y aire. Además si me canso de nadar, tengo la capacidad de ponerme a andar o de remontar el vuelo. Muy cerca de allí, escondida entre las hierbas, había una serpiente muy observadora que escucho lo que decía y, con una sonrisilla maliciosa, se deslizo hacia el y le respondió: -¡Menos humos, señor pato! Ni nada usted como los peces, ni corre como el gamo ni vuela como el águila. Todo lo hace, si, pero solo a medias. El pato se quedo paralizado ante las palabras de la serpiente.
Y es que nunca antes se había planteado que sus dones no eran tan excepcionales como el creía. Miro al agua, miro al suelo y luego al cielo, dándose cuenta de que quizás había exagerado su importancia. Avergonzado, agacho la cabeza y se quedo en silencio, meditando sobre la humildad y el verdadero valor del esfuerzo.
Aprendamos de esta fabula que es mas valioso tener una sola habilidad bien aprendida que muchas a medias y encima presumir de ellas.