El árbol que crecía lento
Un discípulo planto un árbol en el jardín del templo y, al cabo de una semana, fue a ver al maestro. -Maestro, el árbol no crece. Que hago para que vaya mas rápido? -Háblale con cariño-le dijo El discípulo paso varios días murmurando palabras dulces al pequeño brote. Pero, frustrado, se dirigió otra vez a su mentor. -Sigue igual no ha cambiado nada. El maestro lo miro con serenidad -Entonces estíralo un poco cada mañana-añadió. El discípulo miro con desconfianza, pero decidió obedecer. Cada dia tiraba suavemente del tallo con sus manos, intentando que creciera. Al tercer dia, el árbol estaba marchito y murió. El maestro suspiro y le dijo: -¿Ves? Así es como muchos tratan su propia vida: con impaciencia, forzando lo que necesita tiempo para crecer. El discípulo comprendió que algunas cosas florecen solo cuando se respeta su ritmo natural, no solo cuando se las empuja. Y es que la vida, como un árbol, necesita paciencia, cuidado y tiempo para crecer. Forzar los procesos solo conduce a la destrucción y la frustración.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario