El arte de escuchar es el arte de hacer buenas preguntas. Las preguntas son como una pala que le ofrecemos a la persona en duelo para que, si lo desea, excave en el territorio de su experiencia interna, ahondando en ella.
No queremos que la persona nos cuente su historia de vida a nosotros, sino que se la cuente a el mismo. Es conveniente no convertir un dialogo en un interrogatorio.
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