LOS LISTILLOS
EL PERRO Y SU HUESO
Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer. Llevaba varias horas deambulando comenzaba a sentirse cansado por el esfuerzo de caminar tanto. Pero, entonces la suerte le sonrió pues se encontró con una gran carnicería regentada por un generoso carnicero que al verlo tan famélico le tiro un hueso sobrante.
Llevando el hueso en el hocico, se fue tranquilo y feliz a cruzar el rio para saborearlo mejor. Sin embargo, nada mas meterse en el rio, vio su reflejo en el agua y creyó erróneamente que lo que veía era otro pero con hueso todavía mas grande mas que el suyo, así que intento arrebatárselo de un solo mordisco. Sin embargo, cuando abrió el hocico, el hueso que llevaba cayo al rio y se lo llevo la corriente.
Así fue como se dio cuenta que estaba viendo su propio reflejo y que había perdido el hueso mas delicioso del mundo por querer coger algo que no era real y que no le pertenecía.
Esta historia nos enseña que debemos ser felices con lo que tenemos y no envidiar lo de los demás.
El PODER DEL MANTRA
Un ermitaño vivía a la orilla del rio y era alimentado todos los días por una lechera. Agradecido , el ermitaño le concedió una mantra a la mujer diciéndole: repitiendo este poderoso mantra podrás ir a través del océano de la existencia.
Paso el tiempo y, un día en que la lechera iba a llevar la leche al hombre, llovió torrencialmente y las aguas del rio se desbordaron. Como no podía cruzar el rio, la mujer recordó el mantra del eremita y, llena de motivación, manifestó: "Repitiendo este poderoso mantra podrás ir a través del océano de la existencia".
Y empezó a caminar sobre el agua hasta llegar donde estaba el ermitaño. Al verla muy extrañado pregunto:
Como has podido llegar si el rio se ha desbordado.
Recite el mantra que me enseño y camine sobre las aguas-contesto la mujer.
Al escuchar esta explicación, el hombre se lleno de vanidad y pensó:
!!Que grado de evolución debo de tener¡¡.
Días después el eremita tenia que ir a la ciudad, el rio seguía desbordado y pensó en emplear el mantra. Lo repitió y se lanzo a las aguas, pero se ahogo.
Esta historia nos enseña que el ego nos esclaviza y ahoga.
EL RELOJ BAJO EL SERRIN CUENTO
Un grupo de trabajadores estaba apilando serrín en el almacén de una fabrica de hielo, cuando uno de ellos advirtió, nervioso que se le había caído el reloj de su muñeca. Inmediatamente, sus compañeros no dudaron en interrumpir el trabajo para buscarlo Acabaron tomando la búsqueda como una diversión, lanzándose serrín unos a otros y, armando una gran polvareda por todo el lugar. pero no dieron con el reloj. Entonces, decidieron dejarlo y se fueron a tomar un café, un joven que había estado observando la escena entro en el almacén y al poco rato se presento ante el grupo con el reloj en su mano.
-¿Donde estaba?-le preguntaron.
-Pues en el almacén- contesto el joven.
-No puede ser -respondieron-
Lo hemos buscado por todas partes.
¿Cómo has conseguido encontrarlo?
-Me he puesto a ello en silencio completo hasta que he oído el suave tic tac del reloj, y lo he sacado de debajo del serrín.
Esta pequeña historia nos enseña que si nos centramos y concentramos en un objetivo particular, tenemos muchas mas posibilidades de conseguirlo que si nos dejamos llevar por el ruido y las distracciones.
PENSAMIENTOS Y AFORISMOS
Mas vale un gramo de cordura que cien arrobas de sutileza.
Cada uno muestra lo que es, en los amigos que tiene.
Muchas veces nace la enfermedad del mismo remedio.
Quien no tiene enemigos tampoco suele tener amigos.
La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegada a puerto.
Es desgracia habitual en los ineptos la de engañarse al elegir profesión, al elegir amigos y al elegir casa.
El primer paso de la ignorancia es presumir de saber.
Es tan difícil decir la verdad como ocultarla
Errar es humano pero mas lo es culpar de ello a otro.
En la boca del viejo todo lo bueno fue y todo lo malo es.
Cuando los ojos ven lo que nunca vieron el corazón siente lo que nunca sintió.
De los amigos ofendidos salen los peores enemigos: añaden a su defectos todos los ajenos.
Baltasar Gracián