Antes de hablar

Antes de  hablar, considera  primero  lo que tu  dices, segundo porque lo dices, lo tercero a quien lo dices, cuarto quien te lo ha dicho, quinto las consecuencias de tus palabras, sexto que provecho  resultara de esta; séptimo, quien escuchara lo que digas.

Luego, pon tus palabras en la punta de tu dedo y hazlas  girar de estas siete maneras antes de pronunciarlas; y de tus palabras no seguirá nunca daño alguno.                                                                                                                                        

LA ALONDRA HERIDA

El niño llego corriendo a casa.  Entre sus manos traía una alondra.   Tenia rota una de sus alas.           "¡Mama, mira mira!".                                                 Entre las manos del niño se asomaba la cabecita triste y asustada  del pajarillo.  La  madre miro al niño y al pajarillo.  Interiormente se preguntaba quien había  encontrado a quien.  Su hijo parecía sufrir el dolor  que sentía la alondra en su ala partida.

  "-¡Nene!, dijo la madre. Lleva al pajarillo al convento  Allí estará  Antonio el  Santo.  Veras que te lo cura".

El niño salió corriendo hacia el convento.   Toco la puerta. Una figura vestida de habito Franciscano, sonriente, abrió la puerta.

    "-¡Hola nene¡  ¿Que me dices?                              "Busco al padre Antonio para que me cure al pajarito...,tiene una ala rota".                                      El fraile tomo la alondra entre sus manos, la acaricio se la devolvió al niño y le dijo:                    -¿Quieres verla volar? ¡Abre las manos.

La alondra voló en dirección   al camino mientras cantaba  en el aire...                                                  El niño miraba como si sus ojos quisieran coger al pajarillo. Luego miro al santo y le pidió que le enseñara las manos que había curado su alondra.

Angel - asi se llamaba el niño- se fue a casa pensativo.     

  "-¡Mama¡ La alondra se fue a volar. San Antonio la curo". 

Tres meses mas tarde, Antonio estaba sentado  en un banco de piedra  frente al convento enseñando al niño a rezar a Dios... 

...Una alondra con sus cuatro crias llegaron volando y se posaron  entre Antonio y Angel.

El niño no creia lo que veia. La alondra curada salto a las manos del fraile santo que le dijo al niño:

  "-¡Ángel¡  Esta es la alondra que viene con sus cuatro hijitos a darte  las gracias por haberla salvado".

El niño miro a los pajarillos.  Los podía tocar.  No  se movían.  Luego miro a  Antonio como quien mira  una visión y se fue corriendo a contarle a su madre lo que había presenciado.

Las cinco alondras  volaron sobre la cabeza del santo, haciendo una corona de trinos...  y se perdieron en el  campo.

LA NIÑA CON DOS MANZANAS

Había una vez una niña que se encontraba jugando en el jardín de su casa con dos apetitosas manzanas en sus manos. Las dos eran de color rojo intenso brillante, apenas se diferenciaban entre si. Así de entretenida estaba cuando, de repente, oyó que su madre llegaba a casa del trabajo le grito "Mama le grito estoy aquí en el jardín."                                       La mujer, con ganas de abrazar a su hija, se dirigió al jardín y, al ver a la pequeña sujetando las dos sabrosas manzanas, no pudo reprimir el deseo de probarlas y le pregunto, cariñosamente a la pequeña, si le daba una.

Sin articular palabra, rápidamente mordió una manzana y luego le dio otro gran mordisco a la otra. La mujer se quedo con la sonrisa congelada y trato de no mostrar su decepción.                               Pero para su sorpresa la niña le acerco una de sus manzanas y le dijo. "Toma mamita comete esta que es la mas dulce."                                                  Esta tierna historia nos enseña que no importa cuanta experiencia o conocimientos creemos tener. Nunca hay que hacer juicios porque lo que percibimos puede que no sea real. Ofrezcamos siempre al otro la oportunidad de dar una explicación. 

El AGUA ENVENENADA

 Un anciano muy religioso viajaba de un monasterio a otro a lomos de una mula.  El sol era tan implacable y el camino tan largo, que sus fuerzas se debilitaron y acabo perdiendo el conocimiento  hasta caerse de la montura. Justo en es momento, pasaba por allí un bandolero tristemente celebre por sus muchas fechorías que, al verlo se apiado de el. 

El bandido lo cogió entre sus brazos y trato de darle un poco de agua para reanimarle. De repente, el anciano volvió en si y reconoció al famoso bandolero, por lo que se sintió espantado y gritar.

-No, aceptare  ninguna gota de agua ya que viniendo de un malhechor como tu seguro que esta envenenada.

-Quieres matarme y robarme a mi mula pero no lo conseguirás! -dijo. 

-Te equivocas -contesto el bandolero. Mi agua es de manantial pura.  Y fresca y pura te ayudara a reponerte.

-No esta envenenada repitió créeme anciano, que esta agua   esta es muy sana y te dará la fuerzas que ahora necesitas sugirió el bandolero te digo que  no la probare ni una sola gota.

Y negándose a beber el extenuado corazón del  anciano  fallo y le sobrevino  la muerte.

EL PLACER DE SERVIR

Toda  la naturaleza  es un anhelo  de servicio.

Sirve la nube, sirve el viento, sirve el  surco.                Donde haya un árbol que plantar, plántalo tu; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tu; donde haya un  esfuerzo que todos esquivan; acéptalo tu.

Se el que aparto la piedra del camino. el odio entre los corazones y las dificultades de un problema.

Hay la alegría de ser justo; pero hay. por sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

¡Que triste seria el mundo si todo el estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender!

Que no te llamen solamente los trabajos fáciles.       ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de que solo se hace merito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son inmensos servicios: adornar una mesa ,ordenar libros, peinar un niño en tu hogar.

El servir no es faena solo de seres inferiores. Dios que da fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así El que sirve.

Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día:

¿Serviste hoy?¿A quien? ¿Al árbol a tu amigo, a tu madre?
 

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